La inversión en Bolsa: dilemas éticos

Hubo una época de mi vida en la que me generaba muchos dilemas éticos invertir en Bolsa, y estaba totalmente en contra. En el momento en qué aprendí todo lo que la Bolsa podía hacer por mí, empecé a cuestionarme todos estos dilemas y a pensarlos con más detenimiento. Los temas que voy a tratar a continuación aún ocupan parte de mis pensamientos y no los tengo todos resueltos, puedo vivir con las contradicciones que me suponen.

Estos son los temas que me cuestiono hoy en día:

  • Invertir en Bolsa es especular: esto no es cierto, sino que hay distintas estrategias y no todas ellas consisten en especular. En concreto, la estrategia a largo plazo, en la que no vendes, sino que compras y mantienes las acciones, no es especulación, porque, porque no obtienes beneficios aprovechando las diferencias de precios entre las acciones. Esta es la definición de especular según la RAE:

“Efectuar operaciones comerciales o financieras con la esperanza de obtener beneficios aprovechando las variaciones de los precios o de los cambios”

  • Algunas empresas pueden ir en contra de tus valores en situaciones determinadas: por ejemplo, una empresa de autopistas que quiere construir una autopista en el Amazonas. Me digo: es imposible estar de acuerdo al 100% con las decisiones que toman otras personas, y menos las empresas, pero lo importante no es estar de acuerdo con todas las decisiones, sino que la balanza con las cosas positivas por un lado, y las negativas por el otro, se decante hacia lo positivo. Algunas empresas tienen cosas muy positivas: mejoran nuestra calidad de vida, nos permiten tener agua corriente, electricidad, comida, poder ir de un sitio a otro de manera segura o dan trabajo a mucha gente. Seguro que hay decisiones que toman que para mí son negativas, pero la balanza al final es positiva. Aquí creo que lo que hay que tener en cuenta son nuestras líneas rojas, es decir, aquello que nos parece que no debe hacer una empresa en la que invertimos. Una línea roja por ejemplo puede ser la venta de armas. Y otra cosa a tener en cuenta es que las empresas realizan acciones de mucha envergadura sobre la sociedad, con lo cual, tanto las cosas positivas como las negativas, también van a ser de una cierta envergadura. El mundo es complejo y toda acción que tiene repercusiones sobre mucha gente es compleja de evaluar.

 

  • Este es el punto con el que estoy más descontenta, y es que, por el momento, invierto en una empresa que financia empresas de producción de armas (un banco). La cantidad es muy pequeña, pero está ahí. No he investigado aún la empresa que fabrica las armas, y sus armas pueden ir destinadas a muchos sitios. No tengo la visión, que considero un poco ingenua, de pensar que las armas no son necesarias en este mundo (por desgracia, tal y como está nuestro mundo, creo que algunas armas son necesarias). Aún así, me resulta complicado convivir con la certeza de que invierto en un banco que financia empresas de armas.

 

  • No conozco en profundidad la política de impuestos a las empresas, pero después de leer el libro de Gregorio Fernández me parece que tienen una carga impositiva muy alta para todo el beneficio que generan.

No creo que, defendiendo todas estas opiniones, no pueda a la vez seguir defendiendo mis valores yendo a manifestaciones, participando en asociaciones sin ánimo de lucro o votando a determinados partidos políticos. Invertir a largo plazo en Bolsa y defender ciertos valores al mismo tiempo no es ser una hipócrita. Considero que puedo aceptar este nivel de complejidad en mis acciones y, por ahora, no tener una mala consciencia.

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