Archivo de la etiqueta: vida austera

Una vida austera (frugal)

He visto en varios blogs sobre IFJA (Independencia Financiera y Jubilación Anticipada) cómo hablan sobre llevar una vida frugal o austera, en el camino de la Independencia Financiera o cuando ya la estemos disfrutando. Pero, además de ser una práctica para esto, también se habla como filosofía de vida, sobre cómo ser feliz con “poco”, refiriéndose a los hechos o placeres materiales.

Sí, llevar una vida austera te ayuda tanto a ahorrar más como a fijarte un objetivo de dinero que quieres conseguir con tus rentas más bajo, y por lo tanto, que la cantidad final de patrimonio (voy a utilizar esta palabra para hablar de la cantidad de dinero que vamos acumulando y que vayamos invirtiendo) para poder vivir sea menor.

La verdad es que yo siempre he sido una persona muy ahorradora. De pequeña tenía un miedo irracional a quedarme sin dinero y recursos para vivir, con lo cual, casi siempre, sin quererlo, he sido de gastar poco. Ha habido épocas, por supuesto, en las que disponía de más dinero, y he gastado un poco más, pero siempre he practicado el ahorro –por circunstancias de la vida empiezo el camino hacia la IF con prácticamente nada ahorrado, pero esto no me impide trabajar para conseguirla. No me cuesta ahorrar ni gastar poco, y además mis aficiones no son caras –leer, practicar teatro, el crecimiento personal, la política, entre otras- excepto la de viajar, pero que resulta ser de las que más me gusta.

Casi nunca hago gastos de manera irracional –la compra de ropa, zapatos, libros, cualquier cosa-, casi todas mis decisiones de compra más allá de los 5-10 euros son meditadas. Además, antes de comprar algo siempre pienso si realmente me satisface tener aquello por lo que voy a pagar, y si me vale la pena en vez de gastarlo en viajar o en ahorrar para la Independencia Financiera. Es ya un hábito, no se me olvida hacerlo.

Por otro lado, Gregorio Jiménez plantea una manera que me parece muy acertada de valorar los gastos que uno hace, y trata de valorarlos en función del tiempo que nos ha costado conseguir el dinero para comprarlo. Por ejemplo, un par de zapatos puede suponerme dos horas de trabajo, y un viaje, un mes entero de trabajo. Esto me ayuda a la hora de decidir hacer un gasto o no hacerlo, porque lo hago en función de algo que experimento en primera persona, como es lo que me supone ganar ese dinero.